"Hay muchas personas que consideran inútil el leer poesía, por creer que ningún bien inmediato puede reportarles. Por eso es que dicen que no pueden leer versos, que no tienen tiempo para ello. El caso es que nunca lo intentaron seriamente. Pero como nosotros tenemos a la poesía un verdadero amor, un amor creciente, no podemos contarnos entre esas personas para quienes la poesía es algo superficial y sin importancia, una cosa sin valor positivo. La poesía sirve para afinar nuestra sensibilidad, poblando de bellas imágenes nuestro pensamiento: de modo que amándola y entendiéndola nos ponemos en la situación de descubrir los aspectos más bellos de la vida, que nos será tanto más grata cuanto más hermosa llegue a parecernos. Tiene, pues, una utilidad considerable leer poesía. El hombre incapaz de sentir y gozar sus bellezas es algo así como el ciego, para quien no existen las magnificencias de la forma, de la luz y del color: un infeliz, condenado a tener una noción imperfecta de la vida y el universo." (El Tesoro de la Juventud).

domingo 15 de noviembre de 2009

La Limosna



Lázaro María Pérez
- Colombiano (1824-1892).


Oye, hija mía: cuando el pobre toca
De puerta en puerta mendigando un pan,
Nos lo pide por Dios, y el Dios que invoca
Es el mismo que a todos pan nos da.

El Padre universal tiene un consuelo
Para todo dolor: y cada bien
Con que socorre al pobre, sube al cielo
Y en densa nube tórnase al caer.

Por eso es su caudal inagotable;
Por eso cada bien abate un mal;
Por eso encuentra pan el miserable,
Por eso el desvalido encuentra hogar.

También la caridad en su eficacia
Da una limosna y la reciben dos:
El que la pide, un pan que su hambre sacia
El que la da, la bendición de Dios.

Y el aturdido mundo no percibe
Quién en esa limosna gana más,
Si el mendigo infeliz que la recibe
O la mano piadosa que la da.

Pero en este dilema no hay razones
Calcular es lo mismo que sentir:
Si das pan y recibes bendiciones,
¿La dádiva mejor, no es para ti?

San Juan de Dios, que avaro perseguía
Para ofrecerle pan, a la orfandad,
Al ponerlo en su mano le decía:
« ¡Gracias por la limosna que me das! »

No olvides, hija mía, la enseñanza
Que encierra el don munífico de Dios:
Si de fe se alimenta tu esperanza
Busca en la caridad tu galardón.


martes 3 de noviembre de 2009

El Libro de la poesía - El Tesoro de la Juventud


El Libro de la poesía


LA POESÍA Y EL SENTIMIENTO

H
AY
muchas personas que consideran inútil el leer poesía, por creer que ningún bien inmediato puede reportarles. Por eso es que dicen que no pueden leer versos, que no tienen tiempo para ello. El caso es que nunca lo intentaron seriamente. Pero como nosotros tenemos a la poesía un verdadero amor, un amor creciente, no podemos contarnos entre esas personas para quienes la poesía es algo superficial y sin importancia, una cosa sin valor positivo. La poesía sirve para afinar nuestra sensibilidad, poblando de bellas imágenes nuestro pensamiento: de modo que amándola y entendiéndola nos ponemos en la situación de descubrir los aspectos más bellos de la vida, que nos será tanto más grata cuanto más hermosa llegue a parecernos. Tiene, pues, una utilidad considerable leer poesía. El hombre incapaz de sentir y gozar sus bellezas es algo así como el ciego, para quien no existen las magnificencias de la forma, de la luz y del color: un infeliz, condenado a tener una noción imperfecta de la vida y el universo.

¿POR QUÉ DEBEMOS LEER A LOS POETAS?


DE la misma manera podríamos preguntar por qué cantan los pájaros y por qué nos gustan tanto sus trinos. Natural es que aquellos que tienen amor a la música amen igualmente los buenos versos. Uno de los sentimientos más nobles de la naturaleza humana es el sentimiento estético. Este sentimiento de lo hermoso y elevado nos dignifica y ennoblece, y ha contribuido considerablemente a impulsar nuestra civilización. De jóvenes le tomamos a la vida más gusto y afición que de viejos, y así el amor a la poesía, en nuestra juventud, es tan natural como el gusto de los sonidos gratos al oído, del perfume de las flores y de los maravillosos juegos de luz de una puesta de sol.

La poesía expresa, con insuperable viveza y animación, cuanto tiene la Naturaleza de glorioso. No hay medio de expresión que iguale en intensidad al lenguaje que hablan los poetas. Una espléndida puesta de sol nos emociona, cuando la vemos con nuestro propios ojos; nos emociona también si nos la ofrece un artista reproducida por sus pinceles; pero nos emocionará más si la encontramos descrita por un buen poeta; pues éste, sirviéndose de la magia de su lenguaje, usando las palabras más bellas, insinuantes y musicales, nos hará ver en la puesta del sol pormenores que antes se nos pasaron inadvertidos; y el mismo espectáculo grandioso se reproducirá en nuestra fantasía, además de bello, elocuente. Esto sólo puede conseguirlo el poeta, que sabe dar luz y música a sus palabras.

Por eso volvemos a decir que quien no haya sentido nunca el amor a la poesía, desconocer uno de los placeres más legítimos y más grandes que puede ofrecer la vida. Una de las cosas que hacen al hombre superior a la bestia es este poder de percibir e interpretar las maravillas de la Naturaleza, descubriendo las secretas relaciones que unen a los seres todos del orden físico, intelectual y moral.

Los buenos poetas son pocos, y sería necio suponer que, por el hecho de saber nosotros cómo se riman las palabras unas con otras, podemos escribir buenos versos. La poesía no consiste en la rima solamente, y aun se da el caso de que abundan mucho los hábiles versificadores, que hacen excelentes versos, pero no verdadera poesía, por carecer de la necesaria inspiración.

Lo que sí está en nuestra mano, y a ello debemos aplicarnos, es leer y comprender bien la buena poesía. Esto depende de la afición que en nuestra juventud cobremos a las composiciones poéticas inmortales, afición que irá en aumento al paso que vayamos comprendiendo el mérito de dichas composiciones y su valor moral.

Hemos dicho ya que la poesía es la música de todas las palabras, pero esto no es decirlo todo. Es también la música del universo. En todas las obras de la Naturaleza vibra una armonía infinita, que el poeta comprende y describe, trasladándonos su impresión del mundo, por medio de su admirable elocuencia. Un hombre de talento corriente no comprendería por sí mismo la armonía del universo; el poeta es, en este aspecto, su guía y su maestro.

Decía en cierta ocasión un poeta, hablando de otros grandes poetas, que su pensamiento alcanzaba la altura de las más elevadas montañas y que sus cabezas eran besadas por el sol, antes que éste alcanzara al resto de la humanidad. Si muy de mañana nos hallamos en el campo y tenemos ante nosotros una cordillera de montañas, veremos que el sol dora primero las más altas cumbres, con su luz radiante. Así ocurre con los grandes poetas, los hombres-cumbres.

Por esto, ellos nos ayudan a penetrar con sus obras en lo íntimo de la Naturaleza, comunicándonos algo de su percepción sutil. Puede decirse que nos prestan sus ojos, para que veamos mejor la belleza de las cosas. Y a la vez nos prestan también su corazón, su fina sensibilidad, que llega a nuestra comprensión, mediante el lenguaje poético, mucho mejor que a través de los escritos prosaicos. No hay un modo mejor de educarse espiritualmente que ponerse en contacto, por medio de la lectura, con los grandes talentos que se maduraron viviendo la vida en sus horas sentimentales de esperanza, de dolor, o de alegría. La poesía sirve para hacernos sentir y comprender la vida en todas u intensidad e infinitos matices.

Bendigamos, pues, a la poesía y a los hombres que supieron expresar sus sentimientos poéticamente; porque ellos serán nuestros amables compañeros en nuestras horas de soledad y meditación, dulcificando nuestra propia melancolía con la música de sus versos. Serán los poetas nuestros mejores amigos si nosotros lo somos de ellos, y con sus nobles palabras consolarán nuestro dolor y nuestras dudas en los momentos de desaliento, que ningún hombre logra evitar. Nos describirán con bellas imágenes las bellezas del mundo, y las múltiples facetas del espíritu humano, y contribuirán a preparar nuestro corazón, haciéndolo fuerte y generoso, para la lucha por la vida.

Extraído de EL TESORO DE LA JUVENTUD o ENCICLOPEDIA DE CONOCIMIENTOS, Tomo V, p 1575. Sección "El Libro de la Poesía". - W.M. JACKSON, Inc., Editores.

domingo 1 de noviembre de 2009

Las Dos Linternas



Ramón de Campoamor
- Español (1817-1901).


I

De Diógenes compré un día
La linterna a un mercader.
Distan la suya y la mía
Cuanto hay de ser a no ser.

Blanca la mía parece;
La suya parece negra;
La de él todo lo entristece;
La mía todo lo alegra.

Y es que en el mundo traidor
Nada hay verdad ni mentira:
Todo es según el color
Del cristal con que se mira.

II

—Con mi linterna— él decía
—No hallo un hombre entre los seres.—
¡Y yo, que hallo con la mía
Hombres hasta en las mujeres!

Él llamó, siempre implacable,
Fe y virtud teniendo en poco,
A Alejandro, un miserable,
Y al gran Sócrates, un loco.

Y yo ¡crédulo! entretanto,
Cuando mi linterna empleo,
Miro aquí, y encuentro un santo;
Miro allá, y un mártir veo.

¡Sí! mientras la multitud
Sacrifica con paciencia
La dicha por la virtud,
Y por la fe la existencia,

Para él virtud fue —simpleza,
El más puro amor —escoria,
Vana ilusión —la grandeza,
Y una necedad —la gloria.

¡Diógenes! mientras tu celo
Sólo encuentra, sin fortuna,
En Esparta algún chicuelo,
Y hombre en parte ninguna,

Yo te juro por mi nombre
Que, con sufrir el nacer,
Es un héroe cualquier hombre,
Y un ángel toda mujer.

III

Como al revés contemplamos
Yo y él las obras de Dios,
Diógenes o yo engañamos.
¿Cuál mentirá de los dos?

¿Quién es, en pintar, más fiel,
Las obras que Dios crió?
El cinismo dirá que él,
La virtud dirá que yo.

Y es que en el mundo traidor
Nada hay verdad ni mentira:
Todo es según el color
Del cristal con que se mira.


¿Por qué un Repertorio Poético?

Fulgura entre las páginas de un viejo poemario que encontré escondido en una de las bibliotecas de mi casa, la siguiente dedicatoria:

"Inés:

Cuando leas este libro, simplemente piensa cuánto te amo..."

Inés es mi madre y el libro es el Repertorio Poético de Luis Edgardo Ramírez. Bajo inspiración de esta gloriosa obra, que reúne con delicado gusto las piezas líricas de los mayores bardos de Hispanoamérica, me ha surgido la voluntad de recoger en este espacio algunas de las poesías que a lo largo de sus versos me han hecho sentir la sublime pasión con que fueron escritas.

El Repertorio Poético Hispanoamericano no pretende convertirse en una herramienta más de aquellos que desandan por la red en la búsqueda de algún elemento cursi que les permita acortar el camino del amor a la negociación sexual. Los enamorados de hoy, la mayoría enfermos del simplismo y la inmediatez, no encontrarán aquí más que una inocente selección de piezas que por su trascendencia en el sentimiento, cualquiera que este sea, han marcado un hito importante en la literatura de habla hispana.

¿Desea colaborar?

¡Para eso se abrió este espacio! Estoy ansioso de recibir cualquier colaboración con este proyecto. Si usted no desea unirse, pero tiene alguna petición o alguna sugerencia, no dude en escribirme a alejandromoralesloaiza@gmail.com; será para mí un gran gusto poder complacerle.