"Hay muchas personas que consideran inútil el leer poesía, por creer que ningún bien inmediato puede reportarles. Por eso es que dicen que no pueden leer versos, que no tienen tiempo para ello. El caso es que nunca lo intentaron seriamente. Pero como nosotros tenemos a la poesía un verdadero amor, un amor creciente, no podemos contarnos entre esas personas para quienes la poesía es algo superficial y sin importancia, una cosa sin valor positivo. La poesía sirve para afinar nuestra sensibilidad, poblando de bellas imágenes nuestro pensamiento: de modo que amándola y entendiéndola nos ponemos en la situación de descubrir los aspectos más bellos de la vida, que nos será tanto más grata cuanto más hermosa llegue a parecernos. Tiene, pues, una utilidad considerable leer poesía. El hombre incapaz de sentir y gozar sus bellezas es algo así como el ciego, para quien no existen las magnificencias de la forma, de la luz y del color: un infeliz, condenado a tener una noción imperfecta de la vida y el universo." (El Tesoro de la Juventud).

miércoles 28 de octubre de 2009

A mi hermana Teresa



Miguel Teurbe y Tolón
Cubano (1820-1858).


I

Seis veces ya las ráfagas del otoño
Arrastraron en valle y en colina
Las mustias hojas y las flores muertas
Del olmo altivo y la soberbia encina;
Seis veces la alba veste del invierno
Vistió la creación aletargada,
Mientras al triste gemir de Bóreas frío
Doblábase mi frente atormentada;
Seis veces la emigrante golondrina
Alegre al Norte retornó en verano,
Con nuevas galas de gayadas plumas
Tal vez doradas por el sol cubano;
Seis años ¡ay! en extranjera playa
Y en triste lagrimar son ya pasados;
Seis años de dolor, de luto y duelo,
Hora tras hora por mi mal contados.

II

Mas ni la ráfaga helada
Que al Hudson levanta espuma,
Ni el pardo manto de la bruma
En que se amortaja el sol,
Jamás calmar han podido
De mi alma la fiebre ardiente,
Ni nublar aquí en mi frente
El recuerdo de tu amor.

¡Cuántas veces, apoyado,
Por la tarde, en mi ventana,
He visto un jirón de grana
Que deja el sol al morir;
Y aunque pálidos y tibios
Son aquí sus resplandores,
Mi mente les da colores
Del cielo de Yumurí!

Y con éste amable engaño
Hago que el alma recuerde
Mi valle de gualda y verde,
Mis glorietas de bambú,
Y que piense, al ver cual brilla
La dulce luz de una estrella,
Que es porque tienes en ella
Fija la mirada tú.

Que al sentir el blando soplo
De la susurrante brisa,
Oiga tu armónica risa
O tu dulce suspirar;
Y crea que el suave aroma
Que envuelto llega en el viento,
Es el ámbar de tu aliento
Que me viene a embalsamar.

Y al ver de Jersey las torres,
Tras el río, y a lo lejos
Temblar los áureos reflejos
Del ya moribundo sol,
Sienta y goce como cuando
En una tarde celeste,
Sentado en el abra agreste
Veía a Matanzas yo.

Mas ¡ay! que triste me es luego
No ver aquel techo mío
En medio este caserío,
Que es todo extranjero hogar;
¡Ni aquella modesta torre,
Ni aquel manso mar de plata
En que gentil se retrata
Mi pintoresca ciudad!

No ver allá en lontananza,
Cual velo de gasa leve,
Flotante bruma que mueve
El aliento del terral;
Y tras ella un horizonte
Donde la vista se pierde
En el suavísimo verde
De inmenso cañaveral.

No embriagarme con perfume
De cándidos azahares,
Ni divisar cien palmares
De la sabana al confín;
No ver sobre mi cabeza
Nubes de nácar y plata,
Ni que a mis pies se desata
Mi límpido Yumurí.

III

Y mi pena más aguda
Cuando estoy pensando así,
Es que me asalta la duda
De si te acuerdas de mí.

Vuelvo las miradas mías
Hacia el Sur, donde está Cuba,
Como queriendo que suba
Sobre las olas sombrías:

Pienso verla, pienso verte…
Y es ilusión cuanto miro;
Doblo la frente y suspiro…
¿Será ausencia hasta la muerte?


¿Por qué un Repertorio Poético?

Fulgura entre las páginas de un viejo poemario que encontré escondido en una de las bibliotecas de mi casa, la siguiente dedicatoria:

"Inés:

Cuando leas este libro, simplemente piensa cuánto te amo..."

Inés es mi madre y el libro es el Repertorio Poético de Luis Edgardo Ramírez. Bajo inspiración de esta gloriosa obra, que reúne con delicado gusto las piezas líricas de los mayores bardos de Hispanoamérica, me ha surgido la voluntad de recoger en este espacio algunas de las poesías que a lo largo de sus versos me han hecho sentir la sublime pasión con que fueron escritas.

El Repertorio Poético Hispanoamericano no pretende convertirse en una herramienta más de aquellos que desandan por la red en la búsqueda de algún elemento cursi que les permita acortar el camino del amor a la negociación sexual. Los enamorados de hoy, la mayoría enfermos del simplismo y la inmediatez, no encontrarán aquí más que una inocente selección de piezas que por su trascendencia en el sentimiento, cualquiera que este sea, han marcado un hito importante en la literatura de habla hispana.

¿Desea colaborar?

¡Para eso se abrió este espacio! Estoy ansioso de recibir cualquier colaboración con este proyecto. Si usted no desea unirse, pero tiene alguna petición o alguna sugerencia, no dude en escribirme a alejandromoralesloaiza@gmail.com; será para mí un gran gusto poder complacerle.